Las semillas de la salvación

Fiona MacDonald (Cosmos Magazine)

En medio de una, tramo rocoso de color rojo de la tierra en el noreste de Siria, cientos de filas de los cultivos se preparan contra el viento seco. El desierto de Arabia parece el último lugar en que buscaríamos la vida vegetal, pero  es aquí donde los científicos están tratando de encontrar los cultivos que serán capaces de alimentar a la creciente población del mundo en las próximas décadas.

Estos cultivos no pueden llegar en mejor momento, dice Kenneth Street, un agricultor de Australia y  científico de los recursos genéticos en el Centro Internacional de Investigaciones Agrícolas en Zonas Áridas (ICARDA), 30 km al sur de Alepo, Siria. La población mundial continúa creciendo rápidamente, y no podemos ya alimentar tantas bocas: en 2010, casi uno de cada siete personas en el planeta estaban desnutridos.

El problema no es sólo que tenemos más personas que alimentar, pero el hecho de que todo lo que necesitamos para producir alimentos – agua, tierra, fertilizantes – se está agotando es una alarma. Según las Naciones Unidas, el mundo necesitara duplicar su producción de alimentos para el año 2050 con el fin de evitar la hambruna mundia

El cambio climático es en gran medida lo que agrava el problema, ya que está causando temperaturas que aumentan y está cambiando los patrones de lluvia en todo el mundo. Normalmente, los cultivos serían capaces de adaptarse naturalmente al cambio gradual, pero el cambio climático se está produciendo con tanta rapidez que no pueden mantenerse al día y están luchando para sobrevivir.

A fin de evitar una hambruna mundial, los científicos están interviniendo y el uso de técnicas naturales de reproducción de forma controlada a fin de crear cultivos que sean capaces de sobrevivir – y esperamos producir más alimentos – en condiciones más duras.

Y esto nos trae de vuelta a Alepo. A pesar de su terreno estéril, unos 11.000 años atrás, la mayor parte del norte de Siria era parte una tierra frondosa, creciente y fértil – la región de la que surgió la agricultura moderna. Es en esta región que todos los antepasados de los cultivos que comemos hoy en día se cultivaron por primera vez – y muchos de ellos aún viven aquí, y a menudo se confunden con gramíneas silvestres o malezas.

Enterrado dentro de estos antepasados silvestres están los genes que han logrado sobrevivir en una de las regiones más duras del planeta, sufriendo sequías, salinidad y temperaturas que oscilan entre -12 ˚ C a 50 ˚ C. Los científicos están tratando de recobrar estos genes – que dan características tales como tolerancia a la sequía y resistencia a insectos – y se reproducirlos en los cultivos modernos.

Es un proceso lento – la creación de una nueva variedad de cultivo con uno de estos genes ancestrales puede tomar de diez a doce años, una cantidad de tiempo que los científicos están trabajando de reducir con el uso de la biología molecular y mejora de los sistemas informáticos. Pero a pesar de que enfrentamos una enorme cantidad de desafíos. no obstante los científicos en el ICARDA se muestran optimistas de que su trabajo aumentará la producción de alimentos, salvar vidas y ayudar a alimentar el número cada vez mayor de personas en nuestro planeta cambiante.

Escrito por: Fiona MacDonald (Cosmos Magazine)

Tomado de: http://earthhourblog.posterous.com/

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