INBio ayudará a otros países a frenar la perdida de especies

Compartirá sus conocimientos y experiencias en biodiversidad.

MICHELLE SOTO M.,  La Nación

La experiencia en investigación y conservación del ambiente convirtió al Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio) en el nuevo miembro del Consorcio de Socios Científicos del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB). Este tratado fue suscrito por 150 países para así evitar la extinción de más de 17.200 especies de plantas y animales.
Al ser parte de este consorcio, se reconoce al INBio como autoridad científica al mismo nivel que el Smithsonian National Museum of Natural History (EE. UU.), el Royal Botanic Garden Edinburgh (Reino Unido) y el Muséum National d’Histoire Naturelle (Francia).
La formalización de ingreso a este consorcio, como miembro N.° 21, tendrá lugar hoy con la firma del acuerdo entre el INBio y la Secretaría de la CDB.
“Nos alegra mucho porque es un reconocimiento a una labor que se ha venido realizando desde hace ya 22 años. Es reafirmar que veníamos haciendo las cosas bien”, manifestó Rodrigo Gámez, presidente del Instituto.
“El INBio ha hecho un enorme esfuerzo por generar conocimiento sobre la biodiversidad costarricense y es pionero en el tema de uso sostenible. El ser parte de este consorcio significa un reconocimiento más para el país” dijo la viceministra de Ambiente, Ana Lorena Guevara.


Compartir el conocimiento. Este consorcio científico se creó en el 2006 para apoyar a los países en el desarrollo de habilidades técnicas y políticas, a fin de cumplir con los mandatos del CDB, que son, entre otros, la expansión de la biotecnología y transferencia de tecnologías, así como promover la distribución justa y equitativa de los beneficios resultantes del uso de los recursos genéticos.
Según Jesús Ugalde, director de Ciencias del INBio, la función que ahora desempeñará este instituto será compartir su conocimiento y experiencia en cuanto a manejo de inventarios de especies, monitoreo, bioprospección para hallar compuestos en la naturaleza que sirvan para generar productos con fines médicos o industriales, acceso a recursos genéticos y bioquímicos, así como su experiencia en “bioalfabetización”, que se define como la capacidad de comunicar esas habilidades y destrezas a otros.
Para el ecólogo Gabriel Quesada, esa comunicación del conocimiento es fundamental en términos de conservación. “Hay una producción científica importante en el neotrópico, pero existe un divorcio entre el conocimiento de los ecosistemas y la protección de los mismos”, señaló Quesada.
Por su parte, Grace Wong –académica del Instituto de Vida Silvestre de la Universidad Nacional (UNA)– consideró que la trayectoria del INBio puede ser de mucha ayuda a otros países.
“El INBio tiene gente con experiencia, algo que puede ser valioso para otros países que quieran ampliar su conocimiento sobre la biodiversidad”, dijo Wong.
“Hay un mandato de la CDB de empezar a trabajar en estas capacitaciones como parte del plan que se está desarrollando”, manifestó Ugalde.

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