¡Colores que advierten!

Ana L. Guevara

Además de los mitos, leyendas y cuentos de hadas en las que se han visto envueltas las ranas y los sapos, son muy conocidas sus cualidades terapéuticas. Por ejemplo, desde hace cientos de años los chinos han utilizado las sustancias que exuda el sapo común para contener hemorragias; mientras que en Francia, en los años 50, se utilizaban para el tratamiento del reuma.


También resultan conocidas las propiedades tóxicas de muchos de estos batracios. Algunas tribus del Amazonas, como los Chocós, del oeste de Colombia, utilizan las secreciones cutáneas de algunas especies de rana para envenenar las puntas de sus flechas y dardos, y así, hacerlas más efectivas en sus labores de cacería.
Actualmente, las toxinas de algunos de estos anfibios venenosos, son objeto de importantes estudios en la búsqueda de nuevas aplicaciones terapéuticas para tratar diversas enfermedades como el herpes, la esclerosis, las afecciones cardiacas, el sida, el mal de Alzheimer y el Síndrome de Down. Por paradójico que parezca, estas toxinas, capaces de comprometer seriamente el funcionamiento de un sistema nervioso normal, también son capaces de restaurar el flujo de impulsos eléctricos en uno deficiente. De ahí deriva su capacidad terapéutica.
El adulto de la Rana venenosa roja (Oophaga pumilio) vive principalmente en el suelo pero también trepa fácilmente sobre la vegetación. Su llamativo color rojo y azul advierte a los depredadores de su toxicidad, ya que un veneno recubre su piel. Este es secretado por unas glándulas cutáneas especiales en las que se acumulan los alcaloides que obtiene de ciertos artrópodos que componen su dieta natural, como algunas hormigas, pequeños escarabajos y milpiés. Debido a esto, cuando la rana se cría en cautiverio y se varía su dieta natural, al poco tiempo pierde su toxicidad, ya que esta no es capaz de sintetizar los alcaloides, como sí lo hacen otros organismos venenosos que tienen enzimas especializadas para ello.
Las pumiliotoxinas de esta especie son parte de los más de 400 alcaloides bioactivos encontrados en el veneno de las ranas de la familia Dendrobatidae. Sus estructuras químicas son muy complejas y han sido estudiadas por más de dos décadas, habiéndose elucidado unas 20 clases, entre ellas las pumiliotoxinas. Estas se clasifican en tres grupos: A, B y C. Los dos primeros son significativamente más tóxicos que el tercero. Estas toxinas tienen efectos cardiotónicos y miotónicos. Actúan de forma similar al curare: causan bloqueos irreversibles en la transmisión de las señales neuromusculares, relacionadas con los canales de sodio.

Potencial terapéutico

La producción de fármacos a partir de los alcaloides contenidos en el veneno de las ranas de la familia Dendrobatidae está todavía en etapa de investigación. Sin embargo, ya se ha determinado la estructura y el potencial terapéutico de algunos de ellos. Por ejemplo, la batrachotoxina: apta para el desarrollo de anestésicos locales, anticonvulsivos y antiarrítmicos; la histrionicotoxina: prometedora para elaborar anestésicos locales; la pumiliotoxina: con potentes efectos cardiotónicos y miotónicos; y la epibatidina: con una acción analgésica 200 veces más poderosa que la morfina y con menos riesgo de dependencia.

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