Beneficios novedosos de las bacterias

El financiero. 23 de Agosto 2014

En una columna anterior comentábamos un artículo del científico Andrew Beattie sobre la importancia que tienen las bacterias para los humanos y todos los seres vivos.

Es asombroso que, además del creciente conocimiento de su descomunal número y la descripción de nuevas especies, también aumentan los descubrimientos científicos sobre su utilidad para nosotros.

Además de su conocida importancia industrial, agrícola y alimentaria, emergen ahora novedosos usos industriales metalúrgicos.

Dos géneros de bacterias (Leptospirillum y Ferroplasma) abundan en sustratos que contienen metales básicos o preciosos. Son capaces de procesar compuestos químicos (sales) de estos metales, “secuestrando” el metal en su interior, que luego se extrae y recupera de las bacterias.

Cuando los metales están en altas concentraciones, el proceso se denomina “biominería”, y cuando las concentraciones son bajas, como en desechos tóxicos, el proceso se llama “biorremediación”.

Otro género (Deinococcus) se utiliza para limpiar desechos radioactivos, mientras que otras bacterias se usan para consumir derrames de petróleo. Deinococcus es un grupo megadiverso de bacterias que vive en ambientes extremos calientes, fríos, radioactivos o bajo enormes presiones (el fondo del mar), en los que pareciera imposible que exista vida.

El uso actual de este recurso bacteriano genera miles de productos con aplicaciones médicas e industriales que valen miles de millones de dólares. Esto lo ilustra una bacteria “termofílica” (Thermus aquaticus), común en fuentes termales, de la cual se obtuvo una enzima (Polimerasa Taq) que dio origen a una enorme variedad de empresas biotecnológicas.

Las bacterias nos ayudan en formas muy diversas, desde la regulación del desarrollo y la fisiología de nuestros cuerpos hasta el suministro de alimentos y recursos para industrias novedosas.

 

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Sello de “Hecho en Costa Rica”

El financiero. del 30 de Junio al 6 de Julio 2014

En el comercio es usual que todo artículo indique en su etiqueta el sitio donde se manufactura o procede -La denominación de origen-, que permite a quien lo adquiere diferenciarlo y hacerlo o no objeto de su preferencia. Existe también otro tipo de productos relacionados con la información y el conocimiento, modelos o formas de hacer las cosas, que para poder desarrollarse requieren condiciones particulares o prerrequisitos de carácter social, político y económico.

Hay un ejemplo de esto que muestra cómo, gracias a la condición de factores críticos asociados a las condiciones del país, fue posible desarrollar una fórmula novedosa, objetivamente medible y cuantificable, que permite a una sociedad avanzar en el reto de adquirir una mayor conciencia del valor de su naturaleza, como parte de la búsqueda de un modelo de desarrollo sostenible.

“La mejor manera de conservar esa diversidad es conocerla y valorarla”.

Con base a la premisa de que la mejor manera de conservar esa biodiversidad es conocerla, valorarla y utilizarla inteligentemente, se puso en práctica una metodología innovadora para generar información sobre ella, procesarla y ponerla a disposición de la sociedad en muy diversos formatos, para diferentes usos y usuarios. El emprendimiento hace copartícipes a diferentes actores, desde científicos y tecnólogos hasta pobladores de las regiones donde se encuentran las áreas silvestres protegidas.

Esta Iniciativa, “hecha en Costa Rica”, fue considerada merecedora del Blue Planet Prize 2014, un prestigioso galardón otorgado por la Asahi Glass Foundation de Japón a personas o instituciones que “hayan hecho contribuciones sobresalientes en la búsqueda de soluciones a los problemas ambientales, y que constituyen modelos que otros países pueden replicar”. El premio fue concedido al ecólogo Dr. Daniel Janzen, asesor científico del Área de Conservación Guanacaste, y al Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio).

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Recursos subutilizados

El financiero, del 2 al 8 de junio 2014

Un hecho poco conocido es que la región donde vivimos, denominada Mesoamérica (el sur de México y Centroamérica) es uno de los sitios de origen de la agricultura más importantes de la humanidad. Hace unos 10.000 años, en el Medio Oriente, Mesoamérica, la región andina y otros lugares de Asia y África, el ser humano primitivo hizo el gran descubrimiento de la domesticación de plantas y animales. Al asegurarse la base alimentaria, dejando atrás la etapa primitiva de cazador-recolector nómada, la sociedad humana cambió radicalmente al volverse sedentaria.

Nuestras culturas autóctonas fueron maestras en el arte y la ciencia de la domesticación, aprovechando de manera inteligente la extraordinaria biodiversidad de la región. Más de 300 especies de plantas, animales y microorganismos fueron domesticados con el conocimiento técnico y científico disponible hace varios milenios. Entre ellas hay plantas alimenticias y medicinales, fibras, maderas y colorantes. Entre las especies alimenticias más conocidas están maíz, frijol, aguacate, tomate, chayote, chile y ayote.

Su importancia económica y alimenticia a nivel mundial es gigantesca. Lo interesante es que ahora, con el cambio climático, la agricultura empieza a entrar en una etapa crítica de la mayor magnitud, y diversificar la producción agrícola es un imperativo ineludible.

Gracias a nuestros antecesores precolombinos, en la región existe aún una enorme variedad de estas mismas especies y un gran número de otras domesticadas, de igual o mayor valor alimenticio que esas más conocidas, pero que habían caído en desuso. En esa rica gama de variedades está nuestra gran oportunidad de solventar el problema de seguridad alimentaria. Pero está también la oportunidad, mediante la ciencia y la tecnología, de emplearla como fuente de nuevos productos de interés para medicina e industria en general.

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Apuestas riesgosas con el cambio climático 

El financiero, del 7 al 13 de abril 2014

La humanidad asume complaciente y despreocupada que el sistema agrícola podrá continuar produciendo indefinidamente el alimento requerido para la enorme y creciente población, sin hacer mayores cambios en su comportamiento. Esta aseveración la hacen Paul y Ann Ehrlich, distinguidos ecólogos de la Universidad de Stanford, en el interesante artículo “Una apuesta riesgosa”. Las reflexiones que hacen tienen una gran pertinencia para nosotros, nuestra agricultura y seguridad alimentaria.

Una de las varias apuestas riesgosas a las que los Ehrlich se refieren es que la comunidad mundial está asumiendo que el nivel inadecuado de alimentación que tenemos hoy en día es suficiente y podrá mantenerse para los casi 9.700 millones de personas (una tercera parte más de las que existen) que tendremos en el mundo en 2050. A solo 36 años.

Se da casi como un hecho que la alteración climática que ya vivimos no va a ser obstáculo para el incremento de la producción de los principales granos de los que dependemos, ni va a causar mayores problemas y pérdida de cosechas por eventos extremos como inundaciones y sequías, o que no va a reducir la productividad pesquera.

Otra apuesta es que a pesar de la disrupción climática y de los cambios en los patrones de precipitación y el derretimiento de los glaciares, el agua seguirá estando disponible para la agricultura y que cambios en la infraestructura y otras medidas de esa naturaleza serán suficientes para prevenir un mayor deterioro de la seguridad de disponibilidad de agua.

Sobre el agua, vale la pena saber que los expertos señalan que la mayor parte de los efectos directos e indirectos del cambio climático en Centroamérica se centrarán en la ya evidente escasez de agua, con sus repercusiones lógicas en la salud humana, la agricultura, la biodiversidad y la generación eléctrica.

¿Nos “la jugamos” también?

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Sistemas resilientes

El financiero. Del 10 al 16 marzo 2014

Qué importante y agradable sería tener en el país un sistema de transporte vial en el que, si ocurre un accidente que bloquea una vía, no hay problema para el conductor de un vehículo o el pasajero del autobús, pues tienen a su disposición otras rutas que igualmente los conducirán a su destino final.

Podríamos decir entonces que tenemos un sistema (vial) resiliente, capaz de soportar, adaptarse y recuperarse de una perturbación seria y hasta de un desastre.

¿Existen ejemplos de sistemas resilientes en los que podamos inspirarnos para resolver problemas como el del transporte? Como lo plantea la organización BIOMIMICRY 3.8, la mejor manera de encontrar soluciones a dilemas de toda índole es preguntarle a la naturaleza. Y Ask Nature es precisamente el nombre de su portal en Internet.

Esa solución al transporte se inspira en el funcionamiento de un ecosistema de pradera de Norteamérica. Un ecosistema es una comunidad de organismos que interactúan entre sí y con el ambiente. Y un ecosistema saludable como éste, incluye muchas especies que cumplen funciones similares, como fertilizar el suelo o controlar un depredador.

Esa redundancia es crucial para garantizar la estabilidad a largo plazo del ecosistema de la pradera, porque disturbios naturales como incendios, epidemias, plagas o cambios de clima pueden eliminar una especie incapaz de soportar el cambio. Si existe redundancia, otra especie que desempeña una función similar podrá reaccionar, manteniendo así la resiliencia del sistema.

Emulando la naturaleza, cosas esenciales para los humanos como agricultura, hospitales y ciudades, redes eléctricas u otras deberían constituir sistemas resilientes, con sus elementos básicos de diversidad, complementariedad y redundancia, para asegurar así su funcionamiento estable y sostenible en el largo plazo.

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Valores de cosas invisibles en el ambiente

El Financiero. Del 10 al 16 febrero 2014

POR RODRIGO GÁMEZ / tecnologia@elfinancierocr.com / 08 FEB 2014, 11:59 PM

En estas épocas, la ciencia busca por muy diversos medios que los humanos comprendamos por qué debemos tener una relación más armoniosa con la naturaleza que nos rodea, que entendamos el mundo natural del cual somos parte.

Un problema limitante para alcanzar esta meta es el de cómo puede un ciudadano común valorar servicios esenciales para la vida como el suministro del oxígeno que respiramos, producto de la actividad de organismos microscópicos que no podemos ver a simple vista.

Como mencionan A. Beattie y P. Ehrlich en un interesante artículo, el problema se complica más cuando los servicios esenciales que nos da la naturaleza, derivados de organismos microscópicos casi desconocidos, tienen un enorme valor que es muy difícil calcular. ¿Cómo se puede determinar el valor del oxígeno del aire? Quizás el valor de otros servicios esenciales, como el de la polinización de las cosechas por insectos silvestres o la fertilización de suelos agrícolas por hongos invisibles, podría estimarse como una fracción de los miles de millones de dólares generados por la agricultura.

El mismo problema de valoración lo encontramos en otros casos, como el de la pesquería o la industria maderera, que están basadas en productos resultantes de las complejas cadenas alimentarias de micro y macroorganismos marinos o terrestres.

Por ende, la agricultura, la industria forestal o la pesquería dependen de miles de especies que polinizan, alimentan o fertilizan, cuya identidad desconocemos. Esa dependencia se extiende a otras industrias, tanto financieras como las de fabricantes de maquinaria agrícola, forestal y pesquera, de transporte, mercadeo y venta.

Así, esa diversidad biológica, que la mayoría de la gente considera un tema de interés y preocupación solo para los conservacionistas, está en el meollo de la economía que nos afecta a todos nosotros, todos los días.

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Hacia una nueva gastronomía

El financiero. Del 16 al 22 de diciembre 2013

Quienes se ocupan de los asuntos de política, economía, ciencia y tecnología agropecuarias, tienen cada vez más claro que la agricultura, en su sentido amplio de actividad productora de alimentos vegetales o animales, requiere cambios importantes para brindar la seguridad alimentaria que los países necesitan.

A pesar de que la agricultura moderna ha logrado grandes avances en su capacidad de producir alimentos, la forma en que lo ha hecho no es sostenible. El cambio climático añade nuevos retos. El consenso creciente es que para resolver esta situación, entre otras medidas, se deberá diversificar la producción alimentaria aumentando el número de especies utilizadas.

Esto implicará retomar el uso de especies nativas, particularmente plantas, de enorme valor nutritivo, domesticadas por nuestras culturas autóctonas precolombinas, que en el pasado reciente aún se empleaban en nuestras cocinas. Dejaron de utilizarse ante la tendencia moderna que redujo la base alimentaria a unas 20 o 30 especies, muchas de ellas exóticas, en contraste con los cientos de especies que se usaban antes.

Pero toda crisis también representa una oportunidad. Vemos así emerger en el país la iniciativa “Plan Nacional de la Gastronomía Sostenible y Saludable”, como una alianza público-privada del mayor interés e importancia, que combina el esfuerzo del sector agrícola con sus componentes de alimentación y salud, como del sector gastronómico ligado a los restaurantes y al turismo.

Su idea central es digna de apoyo. Partiendo de la diversificación de la producción agrícola y la contribución a la seguridad alimentaria como base, busca rescatar la cocina tradicional, posicionándola como un producto gastronómico autóctono costarricense, capaz de diferenciarse en el mercado turístico global, y conservar nuestra diversidad biológica.

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