¿Quién inventó el moon walk?

1 de Marzo de 2010

El Financiero, edicion 758,  1 al 7 marzo 2010

¿Quién inventó elmoon walk? Michael Jackson, sería sin duda la respuesta de quien haya conocido a este famoso y singular cantante y bailarín.

Con fundadas razones, los biólogos especialistas en aves tienen otra respuesta: el saltarín de cabeza roja, una pequeña y bellísima ave tropical habitante de las tierras bajas del Caribe y el Pacífico sur costarricenses. Su nombre científico es Pipra mentalis , los machos son pequeños (10 cm) y muy bonitos, color negro oscuro y la cabeza rojo escarlata.

Para atraer a las hembras ejecuta un baile cuya coreografía no tiene nada que envidiar a la de Michael Jackson.

“El pajarito emplea una rama que le da espacio para ejecutar los movimientos”.

El pajarito emplea una rama horizontal, como una percha, que le da espacio para ejecutar los elaborados movimientos. Empieza con una maniobra acrobática aérea y, aterrizando suavemente en la rama, se inclina hacia delante, levanta la cola y golpea con las alas sus costados provocando un ruido seco. Continúa dando brinquitos cortos y rápidos direccionando su cuerpo hacia atrás, adelante, o de medio lado, dando el efecto visual de un deslizamiento suave sobre la rama.

Si logra el objetivo de atraer a la hembra con semejante cortejo, esta lo acepta como pareja. Se supone que los mejores bailarines son los más exitosos en conquistar a las hembras.

Se podría argumentar que Michael Jackson, de manera original, recreó sin saberlo el baile que el saltarín de cabeza roja había inventado en nuestras tierras, posiblemente hace miles de años. O se podría especular que quizá vio el baile de ese pequeño bailarín silvestre en la naturaleza o en un video y lo adaptó a su singular estilo.

¿No lo cree? Véalo con sus propios ojos

Pensemos que si el moonwalk se inventó en nuestros bosques, cuántas cosas más habrá ahí que no hemos descubierto.

Cómo llegar a Costa Rica

10 de Febrero de 2010

El Financiero #754 / 1-7 de febrero 2010

Imaginémonos que usted se encuentra en el campo, en algún lugar de la costa este de Canadá o Estados Unidos. Finaliza el verano y la proximidad del frío otoñal se convierte en un aviso de que debe migrar a tierras más cálidas donde existe el alimento para su existencia. El destino es Costa Rica.

Está solo, sin otros congéneres. Aparte de su cerebro, no tiene instrumentos de navegación u orientación, que le señalen la ruta a seguir, la distancia a viajar y la duración del viaje.

¿Cómo podría orientarse usted para seguir una ruta correcta, sin extraviarse y acabar perdido en algún lugar? Éste, que sería un enorme y complejo problema técnico lo resuelve exitosamente y todos los años un pequeñito colibrí llamado garganta de rubí, con un cerebro quizá de un cuarto del tamaño de un frijol y unos ojos como la cabeza de un alfiler.

“Aparte de su cerebro, no tiene instrumentos de navegación u orientación”.

¿Cómo es posible que con esos minúsculos órganos se oriente y establezca la ruta correcta llegando seguro a su destino? La búsqueda de la respuesta a esta interrogante es tema de interés para los especialistas en aves.

Algunas cosas están claras, otras no tanto. Como no hay evidencia de que para esta especie exista el aprendizaje de otros congéneres, el tema del instinto emerge como explicación. Es decir, ya traen esa información en su cerebro, como un detallado mapa de ruta.

Se cree que posiblemente las estrellas y los detalles de la topografía del paisaje (ríos, montañas, perfil de las costas) constituyen puntos de referencia, que reconocen o quizá aprenden. Gracias a esa “brújula” son capaces de realizar ese viaje de ida y regreso varias veces en su vida, y llegar al mismo lugar, a sitios como Guanacaste, tal y como lo han documentado los biólogos.

Este diminuto colibrí es una extraordinaria maquinita de volar, una obra de la ingeniería de la naturaleza infinitamente superior a cualquier avión que haya inventado el humano.

¿Por qué migrar a Costa Rica?

11 de Enero de 2010

El Financiero, edicion 750, 4 al 10 de enero 2010

¿Qué razón puede tener un pequeño colibrí “garganta de rubí” del tamaño de un dedo pulgar, que está en la costa Este de Canadá y los Estados Unidos, para emprender un viaje migratorio hasta nuestro país? Es una distancia descomunal para una ave tan pequeña, que tardará muchos días o semanas en recorrer.

Los riesgos a los que se pueden enfrentar en un recorrido tan largo son grandes y numerosos. ¿Cómo puede un pajarito orientarse para seguir una ruta correcta sin extraviarse?

Cuando los expertos nos cuentan que las aves iniciaron la conquista de los cielos desde hace más de 80 millones de años, podemos caer en cuenta que los conocen y saben manejarse en ellos mucho mejor que nosotros.

¿Y la razón para migrar? Hay varias explicaciones, pero una sobre la que existe consenso es la de asegurarse la alimentación. Cuando por razones estacionales este se vuelve escaso hay que trasladarse a otro lugar donde sí lo hay.

Esto suena lógico. Nuestro pequeño colibrí apuesta a la segura. Sabe cuándo hay alimento en Norteamérica y cuándo lo hay en Costa Rica y Centroamérica y en función de eso todo su organismo y sus patrones de comportamiento responden al requerimiento de trasladarse entre estas regiones.

“Estas aves no son en realidad ni del Norte ni del Sur. Son ciudadanas del continente”.

Entonces uno podría pensar que estas aves no son en realidad ni del Norte ni del Sur. Son aves continentales, ciudadanas del continente.

En el curso de los millones de años de evolución de la vida en la tierra este pequeño colibrí adoptó una estrategia migratoria en la que invierte casi tres tercios de su vida, para asegurarse la alimentación y la sobrevivencia de su especie.

Por miles de años ha tenido éxito, hasta que aparecimos los humanos que estamos acabando con sus fuentes de alimentación. ¿No deberíamos valorar más estas maravillas naturales?

Emigrantes asombrosos

8 de Diciembre de 2009

Emigrantes asombrosos/El Financiero/30 de nov a 6 dic 2009

En las últimas semanas, el país ha estado recibiendo la visita anual de miles de aves de muy diversas especies que migran desde Norteamérica a estas regiones tropicales.

Lo hacen porque al entrar el otoño e invierno en el hemisferio norte las condiciones de vida les son desfavorables. Pasado el invierno regresan al norte a pasar la primavera y verano, que son sus épocas de reproducción.

Las implicaciones que tiene realizar este viaje de ida y de regreso son considerables. Una de ellas es la distancia, de unos 2.000 a 3.000 kilómetros y otro tanto de vuelta. Tienen que tener una ruta definida y saber orientarse. Deben también prepararse para el vuelo acumulando energía en forma de grasa del cuerpo.

“En colibrí llamado garganta de rubí, viaja de 2.000 a 3.000 kilómetros desde el hemisferio norte”.

Un colibrí llamado “garganta de rubí” es un ejemplo de esa proeza. Viene desde la costa este de Norteamérica. Es pequeñito: pesa tres gramos y mide siete centímetros.

Los estudios señalan que, para viajar, aumenta su contenido de grasa del cuerpo un 35-70%. La magnitud del esfuerzo físico que realiza se refleja en el tamaño de su corazón, que representa el 25% del peso corporal. ¡Es, en relación a su tamaño, el corazón quizá más grande de todos los animales! Esto le permite mantener entre 250 y 1.220 palpitaciones por minuto (los atletas llegan a 100-170/minuto), respirando 200-250 veces por minuto y moviendo sus alas a una velocidad de 60-80 veces por segundo. Es algo fisiológicamente extraordinario.

Su velocidad de vuelo es de unos 40 km/hora, que puede mantener por largos periodos. Al llegar al Golfo de México lo cruza de un solo tirón, volando sin parar cerca de 20 horas para poder cruzar los 845 kilómetros que separan Estados Unidos de Yucatán. Así llegan a nuestras tierras. Pero como vive en promedio cinco años, hacen este viaje unas 9-10 veces durante su vida. Algo realmente digno de admiración.

INBIO: 20 YEARS DRAWING PEOPLE NEARER TO NATURE

8 de Diciembre de 2009

Rodrigo Gámez (Director of INBio) (La Nación 10-26-09)

A few days ago, this newspaper published a singular news item entitled: “Psychiatric Hospital Opens Butterfly Garden” (La Nación 10-10-09).  Two subtitles that follow state:  “Butterfly garden will be a therapeutic option to reduce anxiety and stress” and (the) “Project also stands out as a job alternative for the patients”.  Referring then to how the initiative began, it says that the project started a year ago and was organized with the help of biologists and technicians from the INBio (National Institute for Biodiversity).

In a book entitled Life’s Diversity, E. O. Wilson, a brilliant writer and biologist, says that countries have three great kinds of wealth:  the economic, the cultural and the biological.  The first one is well understood and valued; the second one, somewhat less so, and the third much less so.

Wilson’s dream, like that of very many others of us who are interested in and worry about the present and the future of humanity and of our natural surroundings, is that we humans should succeed in becoming conscious of the value of this latter form of wealth.  But let’s return to the news item.  Is there any relationship between that decision of the Psychiatric Hospital regarding establishing a butterfly garden, Wilson’s ideas, scientists and environmentalists, and the job of the INBio?  Certainly there is, and for various reasons which we will explain below.

CONTACT WITH NATURE

One of them is that inter-action with the natural world affects human beings positively.  Contact with that which is natural, direct, or even only visual, constitutes a joy, a delight, a stimulus that in very diverse ways penetrates our brain and is reflected in our social behaviour.  For this reason, it is not surprising that, as the quoted article says, “butterflies are part of the therapy against anxiety and stress that rehabilitation patients receive at the National Psychiatric Hospital”.  This is in fact the same criterion by which many of us choose our holiday destination.

Then moving on to speak about the aforementioned psychiatric hospital project, but as an alternative source of work for the patients, the article’s author says: “In future it is hoped that patients will also be able to sell these butterflies and other products.  In this way, they will get some money and a stable job in order to begin their reinsertion into society”.

Absolutely correct.  To breed butterflies is conceptually the same as raising cows, hens or any domesticated animal, as growing coffee, corn or any other crop.  It is something that can be done in a sustainable manner, without threatening the existence of the species or altering the environment, generating income and representing a rational form of employment in order to create wealth.

EXTRAORDINARY BIODIVERSITY

All countries possess biodiversity, but our case is something special.  Costa Rica’s biodiversity is something really extraordinary.  We are among the twenty “mega-diverse” countries on the planet, with a disproportionate number of species in relation to our small territory.

It is true that we are in good part conserving it, but without a doubt we will do it more and better, to the degree that we see the golden opportunity that is presented to us to utilise it even more intelligently, in many different ways, in order to improve our quality of life, as in the case of the Psychiatric Hospital’s butterfly garden.

Let us take up again the case of the tourists who visit us.  Ecotourism is another form of economic use of biodiversity, an intelligent, non-destructive form.  Our forests, extraordinarily rich in biodiversity, are in fact a tropical version of the Gothic cathedrals that millions of tourists admire in Europe.

They are masterpieces of nature, even scarcer and less accessible to whoever wants to get to know them.  And more people now do want to know and appreciate them.

TOURISM AND AWARENESS

Butterflies are in effect an attraction for entertaining and educating both Costa Rican and foreign tourists.  Along with toucans, quetzals, monkeys or jaguars, we have made them into icons of our natural wealth.  But what is interesting is that we can employ them as an example to illustrate other ways of using this natural capital, if we add greater awareness value to them through more science, technology, innovation and entrepreneurship.

Let’s look at a particular case of one butterfly, the Morpho, that large butterfly of iridescent blue tones (in Costa Rica we have several species of Morphos).  We find them in forests, where it is a most beautiful spectacle to see their hesitant flight.  We already can reproduce them easily in butterfly gardens, and they are one of our export products, not only alive, but also in elaborate hand-crafted products.  But let’s see what it does when we apply more science, technology and innovation to the appreciation of the Morpho.

It turns out that, as biologists knew, the colour of this butterfly is due not to a pigment, but to a framework of ultra-microscopic blades or light filters that are in the scales of the wings.  Upon analysis by specialists in optics, it was found that these micro-blades refracted optically, in the most elaborate and pure way, the length of blue-coloured light that reaches our eyes.

On the basis of this discovery, technologists and innovators from countries who do not have Morphos set out to copy this natural design and now produce, with the greatest of entrepreneurial and economic success, iridescent blue fabrics; paints that do not soil or discolour for buildings, automobiles or household utensils; and, better yet, for screens of electronic devices, with greater luminosity, better colour definition and less energy waste.

And these are only a few of the many other practical applications that we could derive for medicine, agriculture or industry by studying scientifically all the phases of the life cycle of these attractive insects.  We could be doing this here in Costa Rica.  This challenge was what motivated a small group of us Costa Ricans, now some twenty years ago, to take the decision to create a private, scientific and non-profit association that was the National Institute for Biodiversity (Instituto Nacional de Biodiversidad), the INBio.  We defined as our mission “(…) to create a greater conscientiousness of the value of biodiversity in order to achieve its conservation and to improve man’s quality of life”.

That’s why, returning to the article about the Psychiatric Hospital’s butterfly garden, INBio biologists and technicians are supporting this and other similar initiatives in the educational, industrial, entrepreneurial, scientific and many other fields.

All this is done with that mission that we set for ourselves two decades ago and that today is even more relevant, because our future and the future of life on earth depend on our learning to live in harmony with nature.

El camino de la naturaleza

16 de Noviembre de 2009

El camino de la naturaleza, La Nación, 22 de mayo 2009

En la naturaleza, podemos encontrar una lección magistral de ética

Creo no equivocarme al afirmar que, quizá con muy pocas excepciones, todos nosotros disfrutamos profundamente, con gran felicidad, el contacto con la naturaleza. Puede ser en una playa, una montaña, un volcán o un río. El mundo natural constituye una fuente incuestionable de placer para el ser humano moderno que más y más pasa su tiempo en un entorno citadino.

Veamos algunos ejemplos. Ningún padre de familia duda que ir de vacaciones a la playa o a una finca va a hacer feliz a sus hijos; cualquier médico o sicólogo sabe que una vista panorámica de las montañas es mejor para la salud humana que una pared blanca; los empresarios turísticos o los constructores de casas y apartamentos saben que el valor de un bello paisaje natural de tonos verdes y azules es incuestionable.

Los humanos tenemos una afiliación innata con la naturaleza. Esta es una buena razón para conservarla. Por esta y muchas razones igualmente importantes, los costarricenses dedicamos casi una tercera parte del país a conservar muestras de esa extraordinaria naturaleza con la que este pequeño territorio fue dotado. El millón y resto de turistas que anualmente nos visita viene a Costa Rica a disfrutar de ese placer de ver, sentir y conocer nuestra naturaleza en un contexto educativo y recreativo, con alto valor agregado. Esto ha traído un enorme beneficio económico al país; ha sido un excelente negocio buscar esta forma de usar la naturaleza sin destruirla.

Dependemos de la naturaleza. Claro que existen muchas otras consideraciones prácticas y pragmáticas más que importantes para conservar la naturaleza por las cosas que nos provee y sin las cuales no podríamos vivir, como el aire limpio, el agua limpia o la comida.

Aunque nos cuesta mucho, gradualmente vamos reconociendo nuestra dependencia de la naturaleza y el hecho que la relación entre ese mundo natural y este otro mundo que los humanos hemos fabricado es muy mala.

La extinción masiva de especies en tierras y mares, la destrucción de los bosques tropicales, el deshielo de los casquetes polares producto del calentamiento global, la creciente contaminación y basura evidencian ese impacto negativo de los humanos en la naturaleza.

Y como muy bien lo expresan ya líderes como el mismo presidente Barack Obama, “…la elección que afrontamos no es entre salvar el medio ambiente o salvar la economía, es entre la prosperidad y el declive”. La búsqueda de una relación armoniosa entre esos dos mundos, el natural y el de los humanos, es la única escogencia que nos queda. La relación tiene que ser sostenible o no será.

Daniel Goleman, quien introdujo exitosamente el nuevo concepto de inteligencia emocional, habla ahora de la “inteligencia ecológica”. Dice que el nuevo mantra de éxito para la industria sin ninguna duda será que “…lo sostenible es mejor”.

Enseñanzas. Una gran pregunta y reto que enfrentamos ahora es el de encontrar la fórmula para que ese mundo de los humanos sea realmente sostenible, que coexista en armonía con el mundo natural. Y algo realmente interesante es que es precisamente en la naturaleza misma donde podemos encontrar las respuestas, pues, como lo dice la bióloga Janine Benyus, la naturaleza tiene mucho que enseñarnos.

Recordemos que los humanos aprendimos también de ella cómo obtener alimentos, medicinas, materiales de construcción, fibras y muchas otras cosas indispensables para nuestras vidas. Luego entendimos que podíamos usar organismos o partes de ellos para realizar procesos y obtener productos de interés industrial, en lo que hoy llamamos biotecnología.

Sin embargo, quizá lo más revelante ahora y que grupos pioneros de científicos y tecnólogos comienzan a aprovechar y copiar, es el hecho de que la naturaleza nos puede enseñar también cómo realizar procesos básicos para este mundo de los humanos pero de manera eficiente, como en la construcción, la generación de energía, el transporte, la producción de alimentos, el manejo de residuos o el reciclaje, sin afectar –sino más bien mejorar– nuestro entorno.

Estamos empezando a percibir algo que los humanos hemos tenido siempre frente a nuestros ojos y no lo habíamos visto: la forma en que la naturaleza y toda la gama de seres vivientes que la componen conducen todos los procesos requeridos para satisfacer sus necesidades. Lo hacen de una manera tal que no sólo no deterioran su ambiente sino que lo mejoran, por lo que sus descendientes encontrarán un mundo mejor que en el que sus antecesores vivieron. Exactamente lo contrario de lo que nosotros estamos haciendo.

Esta es una lección magistral de ética, de moral si se quiere. Es un principio que sabiamente ha guiado por millones de años el proceso de evolución de la vida en la Tierra. El organismo que no hace las cosas bien simplemente desaparece.

Día de la biodiversidad. Hoy se festeja el Día Internacional de la Diversidad Biológica, el día en que celebramos la diversidad de vida en todas sus formas, que han ocupado y evolucionado en este planeta por casi cuatro mil millones de años. Una biodiversidad de la que somos parte, de la que dependemos, de la que somos sus custodios y cuyo futuro depende ahora enteramente de nuestras acciones.

Quizá sea esta una buena ocasión para que reflexionemos sobre la oportunidad de oro que tenemos los costarricenses de orientar nuestros procesos de desarrollo en la dirección de construir ese mundo sostenible que desesperadamente necesitamos. No será fácil. Sí será necesaria mucha ciencia, tecnología e innovación para poder emular en esa construcción los diseños de la naturaleza en que debemos inspirarnos.

Y, como en todo emprendimiento humano, se requerirá el liderazgo, la voluntad y el compromiso de todos los sectores sociales del país, incluyendo los políticos, religiosos, empresariales, laborales y los de la sociedad civil. Nadie escapa a la responsabilidad de construir ese mundo mejor, pero el camino nos lo señala la naturaleza.

Ciudadanos naturalistas

10 de Noviembre de 2009

El Financiero, edición 742, 2 al 8 de noviembre 2009

En una simpática caricatura de un autor brasileño que trata el tema de la educación para un mundo sostenible, aparece este interesante mensaje: “Todo mundo piensa en dejar un planeta mejor para nuestros hijos… cuando lo que debería pensar es en dejar mejores hijos para el planeta”. Suena lógico pues el problema está en nuestra generación y en el impacto negativo que está provocando en el planeta.

Agrega como explicación “…un hijo aprende del respeto y la honra dentro de casa, donde recibe el ejemplo de su familia, así aprende a vivir en su país, a convivir en sociedad y se vuelve un adulto comprometido en todos los aspectos, inclusive en respetar el planeta donde vive…”.

“El INBio busca que los ticos nos convirtamos en una sociedad bioalfabetizada”.

Este mensaje resume el propósito de esta columna en la que mensualmente les presento temas de naturaleza, con la intención expresa de acercar al lector al mundo que nos rodea, para que al educarnos nosotros podamos “…dejar mejores hijos para el planeta”, y que esos hijos efectivamente… “ aprendan a respetar el planeta donde viven”.

Porque es claro que para poder enseñar con nuestro propio ejemplo, es necesario entender qué es vida, el por qué de la diversidad de vida en la tierra, por qué los humanos somos parte de la naturaleza y la razón por la que el futuro de la vida en la tierra depende ahora enteramente de nuestras acciones. Y que ese comportamiento refleje nuestra comprensión del asunto.

Esto es lo que en INBio hemos denominado “bioalfabetización”, que es lo que busco con estos escritos. Es a lo que aspiramos en nuestra institución que celebrando ya su XX aniversario, busca que los costarricenses nos acerquemos a la naturaleza y nos convirtamos en una sociedad “bioalfabetizada”, sin importar cuál sea nuestra profesión u oficio. Que todos seamos verdaderos “ciudadanos naturalistas” informados y responsables.