Cómo llegar a Costa Rica

El Financiero #754 / 1-7 de febrero 2010

Imaginémonos que usted se encuentra en el campo, en algún lugar de la costa este de Canadá o Estados Unidos. Finaliza el verano y la proximidad del frío otoñal se convierte en un aviso de que debe migrar a tierras más cálidas donde existe el alimento para su existencia. El destino es Costa Rica.

Está solo, sin otros congéneres. Aparte de su cerebro, no tiene instrumentos de navegación u orientación, que le señalen la ruta a seguir, la distancia a viajar y la duración del viaje.

¿Cómo podría orientarse usted para seguir una ruta correcta, sin extraviarse y acabar perdido en algún lugar? Éste, que sería un enorme y complejo problema técnico lo resuelve exitosamente y todos los años un pequeñito colibrí llamado garganta de rubí, con un cerebro quizá de un cuarto del tamaño de un frijol y unos ojos como la cabeza de un alfiler.

“Aparte de su cerebro, no tiene instrumentos de navegación u orientación”.

¿Cómo es posible que con esos minúsculos órganos se oriente y establezca la ruta correcta llegando seguro a su destino? La búsqueda de la respuesta a esta interrogante es tema de interés para los especialistas en aves.

Algunas cosas están claras, otras no tanto. Como no hay evidencia de que para esta especie exista el aprendizaje de otros congéneres, el tema del instinto emerge como explicación. Es decir, ya traen esa información en su cerebro, como un detallado mapa de ruta.

Se cree que posiblemente las estrellas y los detalles de la topografía del paisaje (ríos, montañas, perfil de las costas) constituyen puntos de referencia, que reconocen o quizá aprenden. Gracias a esa “brújula” son capaces de realizar ese viaje de ida y regreso varias veces en su vida, y llegar al mismo lugar, a sitios como Guanacaste, tal y como lo han documentado los biólogos.

Este diminuto colibrí es una extraordinaria maquinita de volar, una obra de la ingeniería de la naturaleza infinitamente superior a cualquier avión que haya inventado el humano.

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