Cantantes Excelsas

El Financiero #766 3-9 mayo 2010

En “Manojo de Guarias”, una de mis poesías favoritas del poeta ramonense Lisímaco Chavarría, hay una estrofa que hablando de las guarias dice: “ …en mis bosques nativos las he visto, dónde el sinsonte al manantial remeda”. Y en otra agrega “…cuando los bueyes van por los caminos, oyéndole al jilguero su romanza”.

Es así que no solo las flores sino las aves han inspirado a artistas como Lisímaco, al igual que a poetas y músicos universales. El canto de las aves es sin duda un fenómeno natural de singular belleza, para quienes tienen la sensibilidad de apreciarlo.

Parte de lo interesante del tema es que nuestra apreciación estética y musical no tiene nada que ver con la razón misma de dicho canto, que es simplemente de comunicación entre individuos. Las aves se convirtieron en cantantes excelsas a fin de comunicar a sus potenciales parejas, rivales o depredadores las cosas importantes que tienen que decirse como ¡huyan!, ¡vengan!, ¡aquí estoy!, o ¡atrévase!

Es asombroso que el canto va a tono con el ambiente en que viven, como el sinsonte que remeda al manantial en un bosque, o el del perico o lora que responde como un eco al canto de un congénere para mantenerse en la bandada. Hay estudios que muestran que aves como los zorzales tienen un repertorio de hasta 300 canciones melodiosas. Otras, como los vaqueros, emplean hasta 40 notas musicales diferentes.

Cuenta un experto que un músico británico grabó un bello canto de una ave europea y reproduciéndolo a baja velocidad encontró partes asombrosamente similares a la V Sinfonía de Beethoven. En otro caso encontró la similitud con preludios y fugas de J. S. Bach. ¡Y que el ave podía cambiar su tono según las reglas clásicas para formar una sonata!

¡Estamos aún a tiempo para aprender a apreciar y valorar el arte en la naturaleza!

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