Cómo se puede volar

El Financiero #782 del 23 al 29 de agosto 2010

Los intentos que los humanos hemos hecho para poder imitar el vuelo de las aves han dado un importante resultado: el desarrollo de la aviación.

El “invento” de las alas, su forma y la manera de usarlas hacen que los pájaros puedan volar de dos maneras: planeando y elevándose, o aleteando e impulsándose.

Como entretenimiento, hemos diseñado aparatos con alas para planear y que van desde pequeños aviones de papel hasta avionetas de una o dos plazas.

Estos aparatos carecen en su gran mayoría del elemento que genere la fuerza para elevarse. Eso lo compensamos con la fuerza del brazo para lanzar el avioncito de papel al aire; con el vehículo que jala al planeador hasta que este se eleve; o cargando un parapente en nuestras espaldas hasta un sitio alto de donde podamos lanzarnos al vacío.

Esto mismo lo logra un zopilote o una gaviota con tres o cuatro aletazos que la elevan rápidamente a gran altura. Y de ahí en adelante, es cuestión de aprovechar las corrientes de viento o las corrientes térmicas para desplazarse hacia delante o hacia arriba.

La otra forma de vuelo, la del aleteo que impulsa al ave hacia arriba y la empuja hacia delante, es algo que los humanos no logramos emular. Los intentos documentados en películas antiguas, son verdaderas tragicomedias por lo grotesco de los diseños de las alas y lo accidentado del final de la prueba.

Por el diseño anatómico del ala y su musculatura, las aves que tienen este tipo de vuelo se elevan y desplazan hacia adelante a velocidades asombrosas. Además, pueden hacer toda clase de maniobras cambiando dirección y velocidad para llegar adonde quieren.

Los humanos logramos obtener la fuerza física para elevar la máquina voladora y desplazarla hacia delante mediante motores de hélices o retropropulsión. Un gran avance sin duda, pero a un costo energético y económico monumental.

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