Capital natural

El Financiero #786 del 20 al 26 de setiembre 2010

En otras oportunidades hemos hablado de una forma diferente de valorar un país, que es la de verlo como poseedor de tres grandes tipos de riqueza: la material, la cultural y la biológica. La material la apreciamos muy bien en este mundo capitalista; la cultural tiene un grado menor de apreciación, mientras que la biológico está en el punto más bajo.

Este bajo aprecio del valor de lo natural y de su importancia para nuestra vida, ha llevado a la humanidad a provocar daños y alteraciones tan severas en el entorno que afectan ya nuestra sobrevivencia y bienestar. Peor aún, a pesar de los hechos, en su gran mayoría la humanidad cree que esto no es cierto o lo desconoce.

Entre los muy diversos esfuerzos que se están haciendo por cambiar en la mente humana la percepción del valor de lo natural, se plantea la idea de ver la naturaleza como nuestro “capital natural” para así darle su verdadero valor.

Dice la Wikipedia: “En Economía, el capital es un factor de producción constituido por inmuebles, maquinaria o instalaciones de cualquier género, que, en colaboración con otros factores, principalmente el trabajo y bienes intermedios, se destina a la producción de bienes de consumo. Es la cantidad de recursos, bienes y valores disponibles para satisfacer una necesidad o llevar a cabo una actividad definida y generar un beneficio económico o ganancia particular…”.

Reconociendo que no soy economista, asumo que esta definición debe ser bien comprendida y aceptada por los sectores políticos y económicos responsables de la conducción del país. Siendo así, podríamos tener ya una base para un lenguaje común, para entendernos. Con esta base podemos aseverar que tenemos un capital natural recursos, bienes y valores que nos permiten satisfacer necesidades básicas como el agua, el aire, la pesca y la agricultura, sin los que no podríamos vivir.

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