La noción de capital natural

El Financiero #790 del 18 al 24 de octubre 2010

Entre las muy diversas razones que explican el hecho de que los humanos mantengamos un modelo de desarrollo económico con un acelerado deterioro del entorno natural, está el escaso valor que se le ha dado a la naturaleza.

Obviamente esa percepción de ausencia de valor se liga a desconocimiento: no fuimos educados a valorar los recursos naturales. La creciente pérdida de la biodiversidad no parece haber conmovido al mundo o al menos a quienes de una u otra manera lo conducen.

El mundo científico, en el cual me incluyo, no logró calar con su mensaje de advertencia de las consecuencias que para la humanidad tendría esa pérdida.

Podríamos pensar, quizá de forma optimista, que esa situación está cambiando pues en los últimos años surgió una nueva amenaza, ya mucho más evidente en el corto plazo, que ha sido el calentamiento global. Sus efectos y sus consecuencias las estamos ya viendo a diario.

El planteamiento de un importante grupo de economistas y científicos del concepto de capital natural ha surgido como parte de la búsqueda de una base común de entendimiento del tema, entre quienes tienen el poder político y lo económico y quienes nos ocupamos de las ciencias naturales.

Tal y como lo dicen los textos, capital natural es una ampliación de la noción de capital (hasta ahora muy centrada en lo de origen humano), a los bienes y servicios derivados de la naturaleza que anteriormente no eran vistos desde esa perspectiva.

Esto se refiere específicamente a bienes como la madera, las medicinas, el agua potable, la pesca y la agricultura. O a servicios como la purificación del aire y el agua, la fijación de carbono, la estabilización de suelos contra la erosión y deslaves o la regulación del clima.

Vistos como verdaderos activos, estos bienes y servicios son por lo tanto útiles en la creación de riqueza, tanto en términos de bienestar como en términos monetarios.

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