Lo que no tiene precio

El Financiero #802 del 17 al 23 de enero 2011

Los expertos están encontrando problemas importantes para poder ponerle precio a muchas de las alteraciones que se prevé que ocurrirán debido al cambio climático y el calentamiento global.

Una idea que están analizando agencias federales de gobiernos como el de los Estados Unidos es la de establecer criterios y normas para determinar el valor de dichas emisiones, con el propósito de limitarlas.

Como lo señalan algunos especialistas, hay impactos del calentamiento que efectivamente pueden traducirse a valores económicos, como por ejemplo, el costo que tendría traer el agua obtenida ya no de una fuente local porque se secó, sino de otra muy distante. O tener que dejar de producir un cultivo en el lugar, porque ya el calor no lo permite.

El problema surge cuando se trata de impactos sociales o biológicos que no se pueden expresar en costo económico. ¿Cuánto puede valer la pérdida de la biodiversidad de un sitio mundialmente famoso como Monteverde? ¿Cómo se valora el impacto social y cultural de lo que está ocurriendo en una isla del Pacífico Sur, que se está inundando por el aumento del nivel del mar obligando a su población, que ha vivido ahí por miles de años, a reubicarse en otro sitio?

El punto es que debemos tener conciencia de que, si no hacemos algo serio al respecto, el cambio climático y el calentamiento global en particular tendrán impactos económicos cuantificables y muy serios. Pero que además existen otra gama de impactos que es imposible monetizar, que son los aspectos sociales, culturales, históricos y ecológicos, de gran significado y valor para todos nosotros.

Los científicos lo tienen muy claro: no es que la humanidad se va a extinguir con el cambio climático, es que nuestra civilización va a ser muy diferente si no controlamos las emisiones de carbono.

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