Civilizaciones de insectos

El Financiero #818 del 16 al 22 de mayo 2011

“El estudio de las hormigas ha demostrado que estos insectos, como los seres humanos, pueden crear civilizaciones sin usar la razón”. Estas fueron palabras pronunciadas hace décadas por un presidente de la prestigiosa universidad de Harvard, en un homenaje a un distinguido científico especialista en hormigas.

El sentido de esa frase da ciertamente mucho que pensar. El que existan en la naturaleza sociedades de insectos, que han desarrollado complejas civilizaciones que tienen mucho que enseñarnos a los humanos, es algo que no nos es fácil de aceptar.

Este es el tema de un extraordinario libro del que extraigo ese párrafo y otra información, titulado “El Superorganismo”, escrito por dos distinguidos biólogos, E. O. Wilson y B. Höldobler, quienes han dedicado sus vidas al estudio de los así llamados insectos sociales.

Las hormigas, las abejas y las termitas están entre los principales grupos de insectos que los científicos reconocen como sociales. Es decir, son insectos que viven en grupos con una alta cohesión entre sus miembros, que interactúan en diversas formas que los unen estrechamente.

Podríamos agregar que estos grupos cuyos miembros pertenecen a la misma especie, se organizan de manera que la cooperación es el meollo del sistema. A esto se agrega la condición, sine qua non , de que debe haber una comunicación recíproca cuyo fin y naturaleza es cimentar la cooperación.

El respeto absoluto a esta organización social ha hecho a estos insectos extremadamente exitosos. Por eso existen no menos de de 20.000 especies de insectos sociales, que habitan la Tierra desde hace muchos millones de años, cuyas poblaciones sobrepasan los billones de miembros.

Pero además esas descomunales poblaciones no han crecido a costa de otras especies o de la depredación de su entorno natural. Más bien han contribuido a mejorarlo. Lo contrario de lo que nosotros hacemos.

 

 

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