Caminar sobre el agua

El Financiero #834 del 5 al 11 de setiembre 2011

Los humanos hemos siempre soñado caminar sobre el agua, al igual que volar como aves o nadar como peces. Quisiéramos emular esas habilidades para desplazarse que poseen estas otras especies de seres vivos.

Pero caminar sobre agua es algo realmente difícil, quizá factible hasta ahora sólo para un ser divino. Lo más que nos hemos acercado es mediante el uso de flotadores, algo muy burdo, comparado con la habilidad para caminar sobre este elemento lograda por muchos animales, grandes y pequeños.

Los científicos saben que los animales se mueven aplicando, con sus extremidades, una fuerza contra una superficie, lo que genera una fuerza o reacción opuesta, como un resorte. Los seres terrestres lo hacemos contra el suelo. Algo similar hacen los peces en el agua o las aves en el aire.

Los insectos y arañas que caminan sobre el agua generan fuerzas propulsoras al “apoyarse” en este líquido a través de una interfase aire-agua. Lo logran gracias a la tensión superficial, una propiedad de dicha interfase que la hace comportarse como un trampolín.

Por eso la tensión superficial es un asunto fundamental en la vida de numerosas especies de insectos y arañas acuáticas, que han aprendido a utilizarla y a explotarla. Por ejemplo, han desarrollado cubiertas para su cuerpo que repelen el agua, lo que les impide hundirse pero sí moverse, propulsarse e inclusive sostenerse de ella. Algunas hormigas se agarran entre sí con sus patas formando una balsa que repele el agua y las mantiene a flote en inundaciones.

Inspirados en estos insectos, ya han desarrollado pequeños robots que caminan sobre el agua usando sus mismos principios de locomoción. Así esperan resolver importantes problemas físicos y mecánicos, complejos para nosotros, pero resueltos desde hace millones de años por la naturaleza, de maneras geniales.

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