Corredores acuáticos

El Financiero #838 del 3 al 9 octubre 2011

Si caminar sobre el agua es realmente difícil, correr es aún más complicado y que sepamos, en este planeta, solo una lagartija centroamericana (el basilisco), puede hacerlo casi por milagro.

Conocidos popularmente como jesucristo (emulan una habilidad atribuida a Jesús), estos habitantes de tierras bajas y cálidas pueden correr erguidos sobre sus dos patas traseras, cruzando ríos o lagunas. Los adultos lo hacen cuando algo los asusta y se hunden un poco, mientras los jóvenes lo hacen cuando quieren y de una manera tan extraordinaria, que pareciera que van volando.

Hace unos años y usando basiliscos costarricenses, dos biólogos de la Universidad de Harvard (Scientific American, Sept. 1997) lograron elucidar el mecanismo por el cual se propulsan y se mantienen a flote. En su carrera, una lagartija de estas da cerca de 20 pasos por segundo y en cada paso hay dos movimientos distintos: primero una “palmada” al agua que lo impulsa hacia arriba y, una fracción de segundo después, un golpe o patada que crea una bolsa de aire en el agua sobre la que se apoyan.

Estos dos movimientos le generan 111% del soporte que necesita un adulto para correr sobre el agua. Los habilidosos jóvenes son capaces de crear 225% del soporte, por lo que su carrera luce más ágil. Pero esta proeza se malograría si no hacen otra más: sacar su pata de la bolsa de aire fracciones antes de que esta se cierre.

Según estos biólogos, los basiliscos parecen no tener competencia como corredores acuáticos. Nosotros tendríamos que correr a 30 metros por segundo, gastando 15 veces más energía muscular de lo que cualquier humano puede hacer. Así que los humanos mejor nos quedamos en tierra firme. Pero el basilisco sí nos dio un modelo para diseñar robots “biomiméticos” que caminan sobre el agua, usando estos principios físicos.

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