Más resistente que el acero

El Financiero #842 del 31 octubre al 6 noviembre 2011

En asuntos de limpieza, sea de una vivienda, una oficina, o un elegante salón, el que haya telarañas es algo que no se pasa por alto. Cuando en una escena cinematográfica se le quiere dar a un sitio un carácter lúgubre y de abandono, estas telas tienen que estar presentes. Para la mayoría, una telaraña es sinónimo de falta de aseo.

Pero en la naturaleza y para quienes se interesan en estudiarla, las telarañas son una maravilla desde un punto de vista biológico por su función, desde uno bioquímico por su composición y desde una perspectiva física por su diseño y estructura.

La función de la tela es obviamente la de atrapar presas de las que se alimenta la araña. Además, diferentes arácnidos producen diferentes tipos de tela, y a su vez, el diseño de la tela que cada especie fabrica está determinado genéticamente.

Pero una de las características que más llama la atención de científicos es la composición, elasticidad y resistencia de los hilos de la tela.

En una reciente publicación en la revista Nature, científicos españoles y escandinavos revelaron cómo la araña logra producir el hilo mezclando varias proteínas que se generan en diferentes glándulas, que están en estado líquido, pero se solidifican al contacto con el aire.

El resultado es un hilo más resistente y elástico que uno de acero de un grosor similar. Puede estirarse hasta 135% más que el acero sin romperse y es al menos tres veces más resistente que cualquiera de las fibras sintéticas hasta ahora fabricadas, el nailon incluido.

Las aplicaciones prácticas de estos descubrimientos no tardaron en surgir: desde usos industriales, como telas resistentes usadas en chalecos a prueba de bala para la policía, a usos quirúrgicos medicinales, como hilos para suturas que se reabsorben y no requieren ser removidos.

Las telarañas nos demuestran que debemos ver la naturaleza con otros ojos, con menos prejuicios.

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