Como una araña…

El Financiero #846 del 28 de noviembre al 5 diciembre 2011

Existen animales, que por sus características particulares, los humanos no los podemos ignorar. Independientemente de su tamaño grande o pequeño, logran despertar en nuestras mentes reacciones muy particulares. Hay algo en su forma y comportamiento que nos llama poderosamente la atención, y tal es nuestro interés en ellos que los llevamos a convertirse en objetos de nuestra cultura popular.

Este es el caso de las arañas, que han capturado la atención de los humanos desde hace milenios y en todos los rincones. Son seres mitológicos en la Grecia antigua y simbólicos en el folclore africano y americano. Las encontramos en las complejas y gigantescas figuras (geoglifos) de las planicies de Nazca, en la cerámica mochica o norteamericana.

En épocas actuales, aparecen como un personaje especial enEl Señor de los Anillos o encarnan el Hombre Araña de revistas y películas. Son tema de vestidos y disfraces en celebraciones como las mascaradas costarricenses o el Halloween norteamericano.

Su capacidad de tejer complejas redes para atrapar a sus presas, esperar pacientemente que caigan en ellas para atacarlas e inyectarles un veneno que las mata lentamente, son características que han calado profundamente en la mente humana. De ahí que hemos convertido a la araña en un ejemplo de paciencia por su infalible y eficaz técnica de caza, o de maldad, por envenenar lentamente a sus víctimas. De ahí que exista también la aracnofobia.

Pero también y en muchas culturas se les atribuye haber inspirado el arte del tejido, del hilado (tema muy importante en las culturas y religiones orientales), de la cestería, de la fabricación de redes para atrapar peces o humanos. No fueron los gladiadores del Circo Romano quienes inventaron una red para atrapar a su adversario; esa técnica es un invento de algunas especies de araña, que data de millones de años.

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