Sobre perfumes y olores

El Financiero #850 del 2 al 8 enero 2012

Las tiendas de perfumes que vemos en centros comerciales y avenidas de las grandes ciudades, ofrecen con el mayor lujo y exquisito diseño artístico los más finos y delicados perfumes contenidos en estilizados envases. Los seductores modelos de mujeres y hombres que aparecen en los elaborados anuncios comerciales, invitan a su uso. Una tradición ancestral.

Naturalmente el valor del perfume va acorde con su sofisticada presentación. Es solo una parte de la industria de la perfumería, que mueve montos superiores a los $15.000 millones al año.

Aunque la dimensión visual es fundamental en la presentación del producto, la perfumería gira alrededor del sentido del olfato y en la producción, por parte de plantas, animales y otros organismos, de sustancias que estimulan este sentido produciendo reacciones importantes. El fabricar un perfume es algo complejo e interesante.

Es el tema de un interesante libro de Cathy Newman (Perfume . 1998. Natl.Geogr.Soc.) que trata sobre el arte y ciencia que hay detrás de la fabricación de fragancias.

Los humanos olemosempleando los receptores olfatorios que tenemos en el tejido que tapiza nuestros pasajes nasales. Esos receptores son células denominadas neuronas, que se conectan al cerebro por medio del nervio olfatorio. Como vertebrados terrestres, usamos el sentido del olfato al igual que un pez emplea el del gusto, para percibir el ambiente químico alrededor. Nuestro sentido olfatorio detecta así las partículas o sustancias que están suspendidas en el aire.

A diferencia de los sentidos de la vista y oído que perciben impulsos de energía, el olfato es un detector o sensor químico, ya que los olores están constituidos por moléculas químicas. Mediante olores, los animales perciben señales de peligro, seleccionan alimento o se atraen y aparean. Humanos también.

Es el meollo de la perfumería, de cuya ciencia hablaremos más en otra ocasión.

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