De fragancias y emociones

El Financiero #854 del 30 enero al 5 febrero 2012

Imaginemos que estamos en la sala de nuestra casa, con los ojos vendados y los oídos tapados. Sin ningún problema podremos discernir, por su olor, el paso de nuestra esposa o madre, si algo se está quemando o si chorrean café en la cocina.

Las moléculas volátiles de las sustancias responsables de un olor particular que percibimos entran por la nariz y llegan a las células sensorias de los tejidos nasales, que transmiten una señal al cerebro. La respuesta puede traer avisos, recuerdos o desatar emociones. Una feromona liberada por una hembra en celo desata la reacción incontenible de un macho para aparearse.

El olfato es el sentido que tiene el acceso más rápido a cerebro y memoria; por eso, en segundos nos puede recrear escenas y recuerdos.

Esto es el tema de interesantes libros comoPerfume (C. Newman) o la famosa novela de Patrick Süskind,El perfume . Y es la base del negocio de la perfumería, que combina arte y ciencia al fabricar una fragancia.

La ciencia de fabricar perfumes se basa en identificar, aislar y producir en cantidades industriales las sustancias químicas que tienen esa propiedad de ser fragancias. Se cuentan por cientos las fuentes de estas sustancias: flores, frutos y raíces de plantas, o productos de animales y otros organismos provenientes de los más diversos rincones del mundo.

Existen miles de sustancias químicamente bien conocidas que el olfato humano puede reconocer y que se mezclan para hacer un perfume. Pero no todos los humanos tenemos la habilidad artística que tienen los “perfumeros”, capaces de reconocer y diferenciar las distintas fragancias que componen un perfume. Y con esa habilidad pueden soñar o imaginar un perfume y después crearlo.

Todo esto y mucho más es lo que está detrás del legendario Chanel N° 5 y toda la legión de perfumes y fragancias que encontramos en ese sofisticado mercado.

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