Muerte en el Edén

El Financiero #878 del 23 al 29 de julio 2012

Lamentablemente, nos llegan malas noticias de esos sitios paradisiacos de la naturaleza que son los arrecifes coralinos: se nos están muriendo. Y esto está ocurriendo al mismo tiempo que la ciencia y la economía avanzan en el conocimiento de su enorme valor intrínseco.

Como lo narra Deborah Cramer en su bellísima obra Océanos, los científicos continúan descubriendo cosas asombrosas e interesantísimas sobre estos ecosistemas, como los sensores que permiten a los corales “ver” para sincronizar sus funciones reproductivas, tiburones que “caminan” sobre sus aletas o nuevas especies de corales, cangrejos y estrellas de mar desconocidas.

Dada la enorme diversidad y concentración de especies en el arrecife, se ha descubierto que estas poseen un verdadero arsenal de sustancias químicas que usan para alejar depredadores, atrapar presas o defender territorios. Se han identificado sustancias con actividad anticancerígena en esponjas y sustancias antiinflamatorias en corales, todas de enorme valor y potencial en la industria farmacéutica. Y estos descubrimientos apenas inician.

Los economistas estiman que globalmente los arrecifes generan montos del rango de los $30.000 millones anuales por pesca, protección costera contra huracanes, biodiversidad y por las actividades turísticas que se dan alrededor de ellos.

El World Resources Institute realizó un estudio de esta naturaleza para los arrecife coralinos del Caribe, nuestra costa limonense incluida, que documenta su importancia social y económica para la región, y cómo están desapareciendo por desarrollo costero desordenado, erosión y sedimentación de suelos, sobreexplotación pesquera y contaminación, a lo que se une el calentamiento global.

Así, por nuestra inconsciencia, estamos perdiendo uno de los mayores y más valiosos tesoros de la naturaleza, de los que depende nuestra misma existencia.

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Edén en el mar

El Financiero #874 del 25 al 1 de junio 2012

En la inmensidad de los mares que cubren tres cuartas partes de la superficie de la Tierra, existen sitios muy especiales que son un verdadero edén: los arrecifes coralinos de regiones tropicales.

La diversidad de especies que albergan, al igual que la densidad que alcanzan, son muy superiores a las de cualquier otro hábitat oceánico. Por eso se les considera los equivalentes marinos de los bosques tropicales lluviosos, las únicas formaciones naturales que los superan en su riqueza de especies vivientes.

Los científicos han encontrado en los arrecifes representantes de todos los grupos de seres identificados en el mundo, empezando por entes microscópicos, como bacterias y algas invisibles a nuestros ojos, pasando por organismos superiores de muy diversas formas, tamaños y colores.

Solamente de los corales, que constituyen la base estructural del arrecife, se han descrito cerca de 900 especies distintas. En esos edificios monumentales que ellos construyen encontramos invertebrados como esponjas, anémonas, cangrejos, langostas, moluscos y estrellas de mar; o vertebrados como serpientes, tortugas y peces. En cuanto a peces, se cree que ahí habitan más de 4.000 especies, por lo que no es de sorprenderse que también lleguen a alimentarse grandes animales como los delfines y tiburones.

Naturalmente, los biólogos se han interesado en comprender la razón de esa enorme diversidad biológica. Por su ubicación tropical en áreas costeras poco profundas y de aguas cristalinas, donde se combina luminosidad y temperaturas altas, esas enormes estructuras arrecifales generan un ambiente muy estable, con muchos nutrientes, lo que favorece la proliferación de tantos y tan diversos organismos, los cuales a su vez promueven tales condiciones.

Cualquier persona que haya buceado en un arrecife de coral podrá dar fé de que su belleza y esplendor, al igual que su riqueza de formas y colores, son excepcionales.

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El arrecife coralino

El Financiero #866 del 30 de abril al 6 de mayo 2012

Dicen los expertos que los arrecifes de coral son las estructuras vivientes más grandes que existen en la tierra. El mayor del mundo es el conocido como la Gran Barrera de Coral, en la costa norte de Australia, que mide más de 2.000 km?. Le sigue el Arrecife Mesoamericano, en el Caribe, frente a la costa de Yucatán, Belice, Guatemala y Honduras. Su tamaño es como de un tercio del australiano.

Los arrecifes son el equivalente en el mar de los bosques lluviosos tropicales: ambos representan las formaciones naturales más ricas en biodiversidad que existen, producto de 3.800 millones de años de evolución de la vida en el planeta.

Su ubicación es tropical, porque los corales que son animales muy pequeños, requieren para crecer temperaturas tibias, en el rango de los 20°C-28°C. Pero además necesitan de mucha luz solar, por lo que se ubican sobre la plataforma continental cercana a la costa, a profundidades que pueden llegar a los 50 metros. Así es como crecen mejor y más rápidamente en aguas limpias y cristalinas, en las que la luz alcanza fácilmente el fondo marino.

Un arrecife es una estructura física muy sólida, formada por capas de un material calcáreo, un tipo de cemento, que los corales depositan alrededor de ellos mismos durante su crecimiento. Al morir el coral, esa estructura calcárea sirve de base para el crecimiento de la siguiente generación de corales, en un ciclo sin fin en el tiempo. Un arrecife tarda así cientos de miles de años en formarse.

El resultado es una estructura o barrera paralela a la costa, en un medio rico en nutrientes, que unido a la claridad y mayor tranquilidad de su aguas, da como resultado formaciones de belleza extraordinaria. Los arrecifes están poblados por miles de otras especies de animales, plantas y microorganismos, de las más diversas formas, tamaños y colores. Por eso son el deleite no solo de científicos sino de turistas, fotógrafos y cineastas.

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Necesito del mar

El Financiero #862 del 26 de marzo al 8 de abril de 2012

“Necesito del mar porque me enseña: no sé si aprendo música o conciencia: no sé si es ola sola o ser profundo…”.

Este párrafo de una poesía de Pablo Neruda nos recuerda la importancia del mar. ¿Cuántas poesías, composiciones musicales, narraciones literarias, pinturas, películas o fotografías habrán sido inspiradas por el mar?

Y esta es solo una parte de la dimensión cultural de su importancia pues para muchas comunidades alrededor del mundo, su vida gira enteramente alrededor de estas enormes masas de agua salada.

Desde una perspectiva económica, y por su capacidad de recrearnos, el mar es la base fundamental de la industria turística, del desarrollo habitacional urbano o del transporte y comercio. Además, nos suple de grandes cantidades de muy diversos tipos de alimentos; la industria pesquera en el mundo es una actividad que mueve millones de dólares y da empleo a muchísima gente. Con un gigantesco potencial empieza a suplirnos ya de productos farmacéuticos y soluciones industriales.

En lo ecológico, los océanos cumplen funciones vitales para la vida en nuestro planeta pues la tierra, la atmósfera y los océanos están interconectados a través de procesos fundamentales que mueven y transforman elementos y determinan el clima planetario. Elsecuestro de gigantescas cantidades de bióxido de carbono es un ejemplo de ello.

Igualmente vital es la capacidad del mar de transformar, detoxificar y secuestrar toneladas de desechos, materiales y sustancias indeseables que depositamos en sus aguas.

Estos servicios del mar los creíamos inagotables, como muchas otras cosas que nos da la naturaleza. Ya esto no es así. Le estamos pidiendo más de lo que puede dar.

Tenemos que cambiar nuestra relación con el mar, pues, como dice Neruda, necesitamos del mar que tanto puede darnos y enseñarnos.

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Biodiversidad, ciencia y cultura

El Financiero #858 del 27 de febrero al 4 de marzo 2012

Para muchos de los que nos dedicamos a las ciencias naturales, una de las características más sobresalientes que tiene la vida en la Tierra es su extraordinaria y asombrosa diversidad. Nunca antes, en los 3.800 millones de años de historia, habían existido tantas ni tan diversas formas de vida como las que existen en nuestros tiempos.

Esa diversidad la encontramos en las formas y tamaños de los seres vivos, en las maneras en que se las ingenian para cumplir sus ciclos de vida y en la armonía con que se adaptan al ambiente. Todos poseen alguna característica, sea física, química, biológica o ecológica, que nos atrae, nos divierte, nos asombra o nos inspira. A diferencia de nosotros, viven y mueren dejando siempre un mundo mejor para sus hijos.

He procurado compartir con los lectores un poco de los muchos conocimientos que la ciencia y la tecnología han generado sobre nuestro mundo natural, con la esperanza de que lo valoremos en todo sentido, y para que la grave amenaza del rápido deterioro de nuestro entorno sea una preocupación compartida. Todo esto porque los humanos estamos demandando más de lo que nuestro planeta nos puede dar. Pero también he buscado mostrar con numerosos e ingeniosos ejemplos como, por medio de la ciencia y la tecnología, podemos encontrar en la naturaleza las soluciones que requerimos para desarrollarnos de manera sostenible.

Hemos hablado igualmente de cómo ese interés con la naturaleza podríamos convertirlo en parte de nuestra identidad nacional, de nuestra cultura, entendiendo por cultura “el conjunto de conocimientos científicos, literarios y artísticos de una persona, pueblo o época”.

Por todo esto le agradezco profundamente a mi país y a su Ministerio de Cultura que consideren que lo que en mi vida haya podido hacer en el campo de las ciencias naturales, sea merecedor del Premio Nacional de Cultura Magón 2011.

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De fragancias y emociones

El Financiero #854 del 30 enero al 5 febrero 2012

Imaginemos que estamos en la sala de nuestra casa, con los ojos vendados y los oídos tapados. Sin ningún problema podremos discernir, por su olor, el paso de nuestra esposa o madre, si algo se está quemando o si chorrean café en la cocina.

Las moléculas volátiles de las sustancias responsables de un olor particular que percibimos entran por la nariz y llegan a las células sensorias de los tejidos nasales, que transmiten una señal al cerebro. La respuesta puede traer avisos, recuerdos o desatar emociones. Una feromona liberada por una hembra en celo desata la reacción incontenible de un macho para aparearse.

El olfato es el sentido que tiene el acceso más rápido a cerebro y memoria; por eso, en segundos nos puede recrear escenas y recuerdos.

Esto es el tema de interesantes libros comoPerfume (C. Newman) o la famosa novela de Patrick Süskind,El perfume . Y es la base del negocio de la perfumería, que combina arte y ciencia al fabricar una fragancia.

La ciencia de fabricar perfumes se basa en identificar, aislar y producir en cantidades industriales las sustancias químicas que tienen esa propiedad de ser fragancias. Se cuentan por cientos las fuentes de estas sustancias: flores, frutos y raíces de plantas, o productos de animales y otros organismos provenientes de los más diversos rincones del mundo.

Existen miles de sustancias químicamente bien conocidas que el olfato humano puede reconocer y que se mezclan para hacer un perfume. Pero no todos los humanos tenemos la habilidad artística que tienen los “perfumeros”, capaces de reconocer y diferenciar las distintas fragancias que componen un perfume. Y con esa habilidad pueden soñar o imaginar un perfume y después crearlo.

Todo esto y mucho más es lo que está detrás del legendario Chanel N° 5 y toda la legión de perfumes y fragancias que encontramos en ese sofisticado mercado.

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Sobre perfumes y olores

El Financiero #850 del 2 al 8 enero 2012

Las tiendas de perfumes que vemos en centros comerciales y avenidas de las grandes ciudades, ofrecen con el mayor lujo y exquisito diseño artístico los más finos y delicados perfumes contenidos en estilizados envases. Los seductores modelos de mujeres y hombres que aparecen en los elaborados anuncios comerciales, invitan a su uso. Una tradición ancestral.

Naturalmente el valor del perfume va acorde con su sofisticada presentación. Es solo una parte de la industria de la perfumería, que mueve montos superiores a los $15.000 millones al año.

Aunque la dimensión visual es fundamental en la presentación del producto, la perfumería gira alrededor del sentido del olfato y en la producción, por parte de plantas, animales y otros organismos, de sustancias que estimulan este sentido produciendo reacciones importantes. El fabricar un perfume es algo complejo e interesante.

Es el tema de un interesante libro de Cathy Newman (Perfume . 1998. Natl.Geogr.Soc.) que trata sobre el arte y ciencia que hay detrás de la fabricación de fragancias.

Los humanos olemosempleando los receptores olfatorios que tenemos en el tejido que tapiza nuestros pasajes nasales. Esos receptores son células denominadas neuronas, que se conectan al cerebro por medio del nervio olfatorio. Como vertebrados terrestres, usamos el sentido del olfato al igual que un pez emplea el del gusto, para percibir el ambiente químico alrededor. Nuestro sentido olfatorio detecta así las partículas o sustancias que están suspendidas en el aire.

A diferencia de los sentidos de la vista y oído que perciben impulsos de energía, el olfato es un detector o sensor químico, ya que los olores están constituidos por moléculas químicas. Mediante olores, los animales perciben señales de peligro, seleccionan alimento o se atraen y aparean. Humanos también.

Es el meollo de la perfumería, de cuya ciencia hablaremos más en otra ocasión.

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